20 PROPÓSITO 5 MARZO

ACÉRCATE

Pronunciación (AFI):        Si puedes, ¡incorpórala!

Forma verbal

    Segunda persona del singular (tú) del imperativo afirmativo de acercarse (con el pronombre «te» enclítico).

ACÉRCATE A DIOS CON LA ACTITUD CORRECTA

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. (Santiago 4:8)

Dios nos deja claro en su palabra que si nos acercamos a él, él se acercará a nosotros, sin embargo, muchas veces nos “acercamos a él” pero aún lo sentimos distante, la razón de esto es porque nos acercamos con la actitud incorrecta.

  1. Acercarnos de corazón:

Acercarse a Dios va mucho más allá de un simple reconocimiento o de un simple creer. Yo puedo reconocer que existe un Dios sin creer en mi corazón lo que Dios puede hacer en mi vida. De hecho Dios nos dice: reconoce con tu boca y cree en tu corazón, estas dos acciones van de la mano. Para que Dios esté cerca debemos reconocer y creer en nuestro corazón, esto último es lo que realmente nos acerca a Dios. Debemos entonces acercarnos a Dios con el corazón correcto, es decir, con el anhelo de conocerlo y recibirlo en nuestra vida:

Pues si ustedes reconocen con su propia boca que Jesús es el Señor, y si creen de corazón que Dios lo resucitó, entonces se librarán del castigo que merecen. Pues si creemos de todo corazón, seremos aceptados por Dios; y si con nuestra boca reconocemos que Jesús es el Señor, Dios nos salvará. Romanos 10:9 -10.

  1. Acercarnos Voluntariamente:

Si en nuestro corazón existe un anhelo de conocer a Dios o por lo menos la inquietud, entonces nos acercaremos voluntariamente, tomando en cuenta la libertad que Dios nos ha dado de seguir su camino o no. Por lo tanto el acercamiento a Dios evade el compromiso del hombre, es decir, que no debemos acercarnos a Dios para cumplir con el hombre sino por voluntad propia.

Voluntario: Se aplica a la acción que se decide hacer libremente y no por obligación o imposición de otro.

Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre

1 Crónicas 28:9.

Muchas veces aún cuando estamos en los caminos de Dios nos acercamos a Dios per mero compromiso, por quedar bien con las autoridades y no por anhelar realmente buscar más de Dios.

“El servicio a Dios nunca debe tomar el lugar de amar a Dios”

No debemos olvidar que cuando nos acercamos a Dios en un inicio lo hicimos creyendo en nuestro corazón y por lo tanto ese amor debe mantenerse sin sobrepasar ni si quiera el servicio. Si hay amor verdadero el servicio a Dios no será una obligación sino algo voluntario, algo espontáneo, algo que anhelamos.

Jesús murió y resucito para darnos el poder a través del Espíritu Santo, de entender los designios de Dios:

Pero quiero que sepan que el Espíritu Santo vendrá sobre ustedes, y que recibirán poder para hablar de mí en Jerusalén, en todo el territorio de Judea y de Samaria, y también en los lugares más lejanos del mundo.

Después de esto, los apóstoles vieron cómo Jesús era llevado al cielo, hasta que una nube lo cubrió y ya no volvieron a verlo. Mientras tanto, dos hombres se aparecieron junto a los apóstoles. Estaban vestidos con ropas muy blancas, pero los apóstoles no los vieron porque estaban mirando al cielo. Entonces aquellos dos les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿qué hacen ahí, mirando al cielo? Acaban de ver que Jesús fue llevado al cielo, pero así como se ha ido, un día volverá. 

Hechos 1:6- 11.

¿Por qué seguimos mirando al cielo cuando Dios está junto a nosotros? El Espíritu Santo de Dios está esperando que nosotros le abramos la puerta a Jesús, pero para que eso sucede debemos acercarnos a Dios con confianza, es decir, con fe en Jesús quien fue llevado a los cielos, pero así como se ha ido volverá.

Yo estoy a tu puerta, y llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa y cenaré contigo.

Apocalipsis 3:20.

  1. Acercarnos con la disposición de obedecer:

La obediencia en cualquier ámbito de nuestra vida trae beneficios, si somos obedientes a nuestros padres, por ejemplo, somos recompensados. De igual manera cuando somos obedientes a Dios, él se mueve a recompensar a sus hijos ¿que mayor recompensa que estar junto a nosotros?

Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?

Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y . Juan 14: 22 – 23.

Cuando obedecemos a Dios él se manifiesta en nuestras vidas, por eso si queremos que Dios se acerque a nosotros debemos acercarnos a él con la actitud correcta, con obediencia y mantenernos en ella, porque de lo contrario Dios se separará de nosotros. En el libro primera de Samuel vemos como Dios hizo un llamado a Saúl, llenándolo de su Espíritu y llevándolo a ser el primer rey de Israel, sin embargo, Saúl no se mantuvo en obediencia y Dios se separó de él, al punto de no responder sus oraciones y quitarle el trono           

(1 Samuel 13: 13 – 14) (1 Samuel 14:37).

Cuando somos obedientes a Dios, él hace morada en nosotros y el que habita en el abrigo de Dios, mora en su sombra   (Salmos 91:1) de manera que está cubierto por la bendición de Dios. Si la sombra de algún objeto o persona tiende a ser más grande ¿Cuánto no será la sombra de Dios?

  1. Acercarnos con la oración correcta:

Cuando somos obedientes a Dios somos capaces de aceptar su voluntad en nuestra vida, indiferentemente de que entendamos o no, de que nos guste o no su voluntad, lo cual nos llevará a orar correctamente y recibir la recompensa a nuestra obediencia. Generalmente cuando estamos bajo la voluntad de Dios no entendemos su manera de obrar pero si pedimos conforme a su voluntad él nos oye y obra, logrando finalmente entender su propósito, voluntad agradable y perfecta. Es el cumplir la voluntad de Dios lo que logra perfección.

Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos pedido.            

1 Juan 5: 14 -15.

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.

Santiago 4:8.

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