30 junio del 2018

30 sábado
Verde / Rojo

Feria o LOS PRIMEROS SANTOS MÁRTIRES DE LA IGLESIA ROMANA
MR pp. 742 y 879 [766 y 918] / Lecc II p. 499

Al día siguiente de la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo, se conmemora a los cristianos de Roma que el emperador Nerón mandó matar de una manera atroz, acusados de haber incendiado la ciudad en julio de 64. El historiador romano Tácito dice que “era una inmensa multitud”. La tradición afirma que Pedro fue una de estas innumerables víctimas.

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Apoc 7, 14; Dn 3, 95

Estos son los que han pasado por la gran persecución, y han lavado su túnica con la sangre del Cordero. Entregaron sus cuerpos a los suplicios por Dios y obtuvieron una corona eterna.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que consagraste con la sangre de los mártires los fecundos comienzos de la Iglesia de Roma, concédenos que su valor en tan arduo combate nos fortalezca, y su gloriosa victoria nos llene siempre de alegría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

EN TI CONFÍO

PRIMERA LECTURA

[Jerusalén, clama al Señor con toda el alma.]
Del libro de las Lamentaciones 2, 2. 10-14, 18-19

El Señor ha destruido sin piedad todas las moradas de Jacob; en su furor ha destruido las fortalezas de Judá; ha echado por tierra y deshonrado al rey y a sus príncipes. En el suelo están sentados, en silencio, los ancianos de Sión; se han echado ceniza en la cabeza y se han vestido de sayal. Humillan su cabeza hasta la tierra las doncellas de Jerusalén. Mis ojos se consumen de tanto llorar y el dolor me quema las entrañas; la bilis me amarga la boca por el desastre de mi pueblo, al ver que los niños y lactantes desfallecen en las plazas de la ciudad. Los niños les preguntan a sus madres: “¿Dónde hay pan?”. Y caen sin fuerzas, como heridos, en las plazas de la ciudad, y expiran en brazos de sus madres. ¿Con quién podré compararte, Jerusalén? ¿Con quién te podré asemejar? ¿O qué palabras te podré decir para consolarte, virgen, hija de Sión? Inmensa como el mar es tu desgracia. ¿Quién podrá curarte? Tus profetas te engañaron con sus visiones falsas e insensatas. No te hicieron ver tus pecados para evitarte así el cautiverio, y sólo te anunciaron falsedades e ilusiones. Clama, pues, al Señor con toda el alma; gime, Jerusalén; deja correr a torrentes tus lágrimas de día y de noche; no te concedas descanso; que no dejen de llorar las niñas de tus ojos. Levántate y clama al Señor durante toda la noche; derrama como agua tu corazón en la presencia de Dios; alza tus manos hacia él y ruega por la vida de tus pequeñuelos. Palabra de Dios.

*” No te olvides, Señor, de nosotros.”* (Salmo 73)

¿Por qué, Dios nuestro, nos has abandonado y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño? Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo, de la tribu que rescataste para posesión tuya, del monte Sión, donde pusiste tu morada. R.
Ven a ver estas ruinas interminables: el enemigo ha arrasado todo el santuario; rugieron los agresores en medio de tu asamblea, levantaron sus estandartes. R.
Parecía que se abrían paso a hachazos en medio de la maleza. Con martillos y mazos destrozaron todas las puertas; prendieron fuego a tu santuario, derribaron y profanaron tu morada. R.
Acuérdate de tu alianza, Señor, pues todo el país está lleno de violencia. Que el humilde no salga defraudado, y los pobres y afligidos alaben tu nombre. R.

EVANGELIO DE HOY

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 8, 17

R. Aleluya, aleluya.
Cristo hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores. R. Aleluya.

EVANGELIO

[Muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos.]
Del santo Evangelio según san Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: “Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico, y sufre mucho”. Él le contestó: “Voy a curarlo”. Pero el oficial le replicó: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: ‘¡Ve!’, él va; al otro: ‘¡Ven!’, y viene; a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”. Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: “Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos. En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. Ahí será el llanto y la desesperación”. Jesús le dijo al oficial romano: “Vuelve a tu casa y que se te cumpla lo que has creído”. Y en aquel momento se curó el criado. Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirles. Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: Él hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores.

Palabra del Señor.

REFLEXIÓN: •

En el “Libro de las Lamentaciones” un inspirado poeta expresa en tono bastante conmovedor la consternación propia y la de Israel por la destrucción de Jerusalén, la Ciudad Santa. Todo culmina en la invitación a «alzar las manos» hacia el Único en el que vale la pena poner la confianza. La escucha de los verdaderos profetas, el arrepentimiento sincero y el pronto retorno al Dios de la Alianza –siempre generoso y lleno de amor– seguirán siendo su única y fecunda esperanza… • Tras la curación del leproso, el segundo milagro de Jesús es para un centurión pagano –no perteneciente a los no raramente engreídos “hijos de Abraham”– que es alabado aquí por su excepcional y humilde fe. El tercero, en cambio, lo realiza en favor de una mujer sencilla, la suegra de Pedro, quien, apenas curada, «se puso a servirles». En la curación de los endemoniados y enfermos con que concluye la intensa jornada, San Mateo ve el cumplimiento de la antigua profecía del «Siervo», que habría de liberar a los hombres de sus males (Cfr. Is 53, 4; Jn 1, 29. 36).

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que te sea grata, Señor, la ofrenda que te presentamos en la celebración de este glorioso martirio para que, además de purificarnos de nuestros pecados, haga aceptables ante ti las oraciones de tus siervos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Lc 12, 4

Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a aquellos que los matan.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Alimentados con el Pan del cielo y hechos un solo cuerpo en Cristo, concédenos, Señor, que nunca nos apartemos de su amor y que, a ejemplo de los santos mártires de la Iglesia Romana, lo superemos todo con valentía por Él, que tanto nos amó. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Feliz Sábado unidos en oración.

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