“La Trinidad” es el término empleado para designar ladoctrina central de la religión cristiana: la verdad de que en la unidad de la Divinidad, hay Tres Personas, el Padre, elHijo, y el Espíritu Santo, que son verdaderamente distintas una de la otra.

Todos los santos adorando a la Santísima Trinidad. Grabado de F.T. Moncorner, Misal Domiicano, 1768.

De este modo, en palabras del 

Credo de Atanasio: “El Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios, y, sin embargo, no hay tres Dioses sino uno solo”. En esta Trinidad de Personas, el Hijo es engendrado del Padre por una generación eterna, y el Espíritu Santo procede por una procesión eterna del Padre y el Hijo. Sin embargo, y a pesar de esta diferencia en cuanto al origen, las Personas son co-eternas y co-iguales: todos semejantes no creados y omnipotentes. Esto, enseña la Iglesia, es la revelación respecto a la naturaleza de Dios que Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a la tierra a entregarle al mundo, y la que la Iglesia propone al hombre como el fundamento de todo su sistema dogmático

Icono ruso

En la Escritura, aún no hay ningún término por el cual las Tres Personas Divinas sean designadas juntas. La palabra trias (de la cual su traducción latina es trinitas) fue primeramente encontrada en Teófilo de Antioquía (c. 180 d.C.). El habla de “la Trinidad de Dios (el Padre), el Verbo y su Sabiduría (“Ad. Autol.”, II, 15, P.G. VI, 78). El término, por supuesto, pudo haber sido usado antes de su tiempo. Más tarde aparece en su forma en latín de trinitas en Tertuliano (“De pud”. C. XXI). En el siglo siguiente la palabra fue de uso general. Se encuentra en muchos pasajes de Orígenes (“In Ps. XVII”, 15). El primer credo en el cual aparece es en el del discípulo de Orígenes, San Gregorio Taumaturgo. En su Ekthesis tes pisteos compuesta entre los años 260 and 270, escribe:

“Por lo tanto, no hay nada creado, nada sujeto a otro en la Trinidad; ni tampoco hay nada que haya sido añadido como si alguna vez no hubiese existido, sino que ingresó luego. Por lo tanto, el Padre nunca ha estado sin el Hijo, ni el Hijo sin el Espíritu, y esta misma Trinidad es inmutable e inalterable por siempre.” (P.G., X, 986).

Es evidente que un dogma tan misterioso presupone una revelación Divina. Cuando el hecho de la revelación, entendido en su sentido pleno como el discurso de Dios al hombre, ya no es aceptado, el rechazo a la doctrina le sigue como consecuencia necesaria. Por esta razón no tiene lugar en el protestantismo liberal de hoy día. Los escritores de esta escuela sostienen que la doctrina de la Trinidad, según profesada por la Iglesia, no aparece en el Nuevo Testamento, sino que fue formulada por primera vez en el siglo II, y que recibió su aprobación final en el siglo IV, como resultado de las controversias arrianas y macedonias. En vista de esta afirmación es necesario considerar con algún detalle la evidencia ofrecida por las Sagradas Escrituras. Recientemente se han hecho algunos intentos por aplicar las teorías más extremas de la religión comparada a la doctrina de la Trinidad, y por explicarla mediante una leyimaginaria de la naturaleza que urge a los hombres a agrupar los objetos de su culto en grupos de tres. Parece innecesario dar más de una referencia a estas opiniones extravagantes, que los pensadores serios de cada escuela rechazan como carentes de fundamento.

Pruebas de la doctrina a partir de las Escrituras

Nuevo Testamento

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La evidencia en los Evangelios culmina en la comisiónbautismal de Mt. 28,19. Es evidente a partir de la narración de los evangelistas que Cristo sólo dio a conocer la verdada los Doce paso a paso. Primero, les enseñó a reconocer en sí mismo al eterno Hijo de Dios. Al final de su ministerio, prometió que el Padre enviaría en su lugar a otra PersonaDivina, el Espíritu Santo. Finalmente después de suResurrección, reveló la doctrina en términos explícitos, mandándolos a “ir y enseñar a todas las naciones, bautizando en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28,19). La fuerza de este pasaje es decisiva. Que “el Padre” y “el Hijo” son personas distintas se deduce de los términos mismos, los cuales son mutuamente excluyentes. La mención del Espíritu Santo en la misma serie, y la conexión de los nombres entre sí por la conjunción “y…y” es evidencia de que tenemos aquí una Tercera Persona co-ordenada con el Padre y el Hijo, y excluyen del todo la suposición que los Apóstolesentendieron al Espíritu Santo no como una Persona distinta, sino como Dios visualizado en su acción sobre las criaturas.

La frase “en el nombre” (eis to onoma) afirma asimismo la Divinidad de las Personas y su unidad de naturaleza. Entre los judíos y en la Iglesia Apostólica el nombre divino era representativo de Dios. Aquel que tenía el derecho a usarlo estaba investido con vasta autoridad; pues él ejercía los poderes sobrenaturales de aquel cuyo nombre empleó. Es increíble que la frase “en el nombre” hubiese sido aquí empleada si no todas las Personas mencionadas hubiesen sido igualmente divinas. Más aún, el uso del singular, “nombre”, y no el plural, muestra que estas Tres Personas son aquel Dios único e omnipotenteen quien creían los Apóstoles. Ciertamente, la unidad de Dios es un principio tan fundamental tanto de la religiónhebrea como de la cristiana, y es afirmada en tantos incontables pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, que cualquier explicación inconsistente con esta doctrina podría ser del todo inadmisible.

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La aparición sobrenatural en el bautismo de Cristo es citado a menudo como una revelación explícita de la doctrina Trinitaria, dada en el mismo comienzo de su ministerio. Esto nos parece un error. Es cierto que los evangelistas lo ven como una manifestación de las Tres Personas Divinas. Sin embargo, aparte de la subsiguiente enseñanza de Cristo, el significado dogmático de la escena difícilmente podría haber sido comprendido. Más aún, las narraciones del Evangelioparecen significar que nadie sino Cristo y el Bautista fueron privilegiados de ver la Paloma Mística, y escuchar las palabras que atestiguaron la filiación divina del Mesías.

Aparte de estos pasajes, hay muchos otros en los Evangelios que se refieren a una u otra de las Tres Personas en particular y claramente expresan la personalidad separada y la divinidad de cada una. Respecto a la Primera Persona no será necesario dar citas especiales: aquellos que declaran que Jesucristo es Dios Hijo, afirman por ese medio también una personalidad separada del Padre. La divinidad de Cristo es ampliamente atestiguada no sólo por San Juan sino también por los Sinópticos. Puesto que este punto se trata en otro artículo (vea Jesucristo), aquí será suficiente enumerar algunos de los más importantes mensajes de los Sinópticos, en los que Cristo da testimonio de su Naturaleza Divina.

  • El declara que vendrá a ser el juez de todos los hombres(Mt. 25,31). En la teologíajudía el juicio del mundo era una prerrogativa claramente divina y no mesiánica.

  • En la parábolade los labradores malvados, Él se describe a sí mismo como el hijo del dueño de casa, mientras que todos y cada uno de los profetas son representados como los sirvientes (Mt. 21,33 s).

  • Él es el Señor de los ángeles, quienes ejecutan sus órdenes (Mt. 24,31).

  • Él aprueba la confesión de San Pedrocuando éste lo reconoce, no como el Mesías —un paso tomado desde hacía tiempo por todos los Apóstoles— sino explícitamente como el Hijo de Dios, y Él declara que ese conocimiento es debido a una especial revelación del Padre ( 16,16-17).

  • Finalmente, ante Caifás, no sólo declara ser el Mesías, sino como respuesta a una segunda y clara pregunta afirma su reclamo de ser el Hijo de Dios. Instantáneamente el sumo sacerdotelo declara culpable de blasfemia, una ofensa que no se le habría adjudicado a la pretensión de ser simplemente el Mesías ( 22,66-71).

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El testimonio de San Juan es aún más explícito que el de los Sinópticos. Afirma expresamente que el propósito mismo de su Evangelio es establecer la Divinidad de Jesucristo (Juan 20,31). En el prólogo lo identifica con el Verbo, el unigénito del Padre, el que existe con Dios desde toda la eternidad, quien es Dios (Jn. 1,1-18). La inmanencia del Hijo en el Padre y del Padre en el Hijo es declarada en las palabras de Cristo a San Felipe: “No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en Mi? (Jn. 14,10) y, en otros pasajes no menos explícitos (14,7; 16,15;17,21). Se afirma la unicidad de su poder y su acción: “el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace El, también lo hace igualmente el Hijo” (5,19, cf. 10,38). Y al Hijo no menos que al Padre le pertenece elatributo divino de dar la vida a quien desee (5,21). En 10,29-30 Cristo enseña expresamente su unidad de esencia con el Padre: “El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y… Yo y el Padre somos uno.” Tomando en cuenta el contexto, las palabras “aquello que el Padre me ha dado” pueden no tener otro significado que la naturaleza divina, poseída en su plenitud por el Hijo así como por e.

Los críticos racionalistas le dan gran énfasis al texto: “El Padre es más grande que yo”. (14:28). Ellos argumentan que esto es suficiente para establecer que el autor del Evangelio tenía puntos de vista subordinacionistas, y exponen en este sentido, ciertos textos en los cuales el Hijo declara su dependencia del Padre (5,19; 8,28). De hecho, la doctrina de la Encarnaciónenvuelve que, respecto a su naturaleza humana, el Hijo debe ser menos que el Padre. Por lo tanto, de este texto no se puede extraer ningún argumento contra la doctrinacatólica. Así también, los pasajes que se refieren a la dependencia del Hijo sobre el Padre sí expresan lo que es esencial al dogma Trinitario, a saber, que el Padre es la suprema fuente desde donde la naturaleza y perfecciones divinas fluyen hacia el Hijo. (Sobre la diferencia esencial entre la doctrina de San Juan en relación a la Persona de Cristo y la doctrina del Logos del alejandrino Filo Judeo, al cual muchos racionalistas han intentado rastrearla, vea el Logos.)

Respecto a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, hay pocos pasajes que puedan ser citados de los Sinópticos que atestigüen su personalidad distinta. Las palabras de Gabriel (Lc. 1,35) que tengan en cuenta el uso del término “el Espíritu” en el Antiguo Testamento, para significar a Dios como operativo en sus creaturas, apenas puede decirse que contengan una revelación definida de la doctrina. Por la misma razón, es dudoso si la advertencia de Cristo a los fariseos en relación a la blasfemia contra el Espíritu Santo (Mt. 12,31) puede ser usada como prueba. Pero en Lc. 12,12, “porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que tengan que decir.” (Mt. 10,20 y Lc. 24,49) se implica claramente su personalidad. Estos pasajes, tomados en conexión con Mt. 28,19, postulan la existencia de tal enseñanza como la encontramos en los discursos en el Cenáculo, reportada por San Juan (caps. 14-16).

En esos capítulos tenemos la preparación necesaria para la comisión bautismal. En ellos se instruye a los Apóstoles no solo en cuanto a la personalidad del Espíritu, sino en relación a su función hacia la Iglesia. Su trabajo es enseñar lo que oiga (16,13) y les recordará todas las enseñanzas de Cristo (14,26) para convencer al mundo en lo referente al pecado (16,8). Es evidente que, si el Espíritu no fuese una Persona, Cristo no podía haber hablado de su presencia con los Apóstoles como comparable a su propia presencia con ellos (14,16). Nuevamente, si Él no fuese una Persona Divina, no hubiese sido conveniente para los Apóstoles que Cristo los dejase y el Paráclito tomase su lugar (16,7). Más aún, a pesar de la forma neutral de la palabra (pneuma), el pronombre usado en relación a Él es el masculino ekeinos. La distinción del Espíritu Santo del Padre y del Hijo está contenida en las declaraciones expresas de que Él procede del Padre y es enviado por el Hijo (15,26; cf. 14,16.26). Sin embargo, Él es uno con Ellos: Su presencia con los discípulos es al mismo tiempo la presencia del Hijo (14,17-18), mientras que la presencia del Hijo es la presencia del Padre (14,23).

En los escritos restantes del Nuevo Testamento hay numerosos pasajes que atestiguan cuan clara y definida era la creencia de la Iglesia Apostólica en las tres Divinas Personas. En ciertos textos, la coordinación del Padre, Hijo y Espíritu no deja duda posible en cuanto a lo que quiso decir el escritor. Así en 2 Cor. 13,13, San Pablo escribe: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunicación del Espíritu Santo estén con todos vosotros”. Aquí la construcción muestra que el Apóstol está hablando de tres personas distintas. Más aún, puesto que los nombres Dios y Espíritu Santo son nombres Divinos semejantes, se deduce que Jesucristo es también considerado como una Persona Divina. Así también en 1 Cor. 12,4-11: “Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversos ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos.” (Cf. Ef.4,4-6; 1 Ped. 1,2-3).

Pero, aparte de pasajes como éstos, donde hay una mención expresa de las Tres Personas, la enseñanza del Nuevo Testamento en relación a Cristo y el Espíritu Santo está libre de toda ambigüedad. Respecto a Cristo, los Apóstoles emplearon modos de discurso que, para los hombres criados en la fe hebrea, necesariamente significaba la creencia en su Divinidad. Tal, por ejemplo, es el uso de la doxología en referencia a Él. La Doxología, “Para Él sea la gloria por los siglos de los siglos” (cf. 1 Crón. 16,36; 29,11; Sal. 104(103),31; 29(28),2) es una expresión de alabanza ofrecida a Dios sólo. En el Nuevo Testamento la encontramos dirigida no sólo a Dios el Padre, sino a Jesucristo (2 Tim. 4,18; 2 Ped. 3,18; Apoc. 1,6; Heb.13,20-21) y a Dios el Padre y Cristo en conjunción (Apoc. 5,13; 7,10).

No menos convincente es el uso del título Señor (Kyrios). Este término representa el hebreo Adonai, así como Dios (Theos) representa Elohim. Los dos son nombres igualmente divinos (cf. 1 Cor. 8,4). Casi se puede decir que en los escritos apostólicos Theos es tratado como el nombre propio de Dios Padre, y Kyrios del Hijo (ver, por ejemplo, 1 Cor. 12,5-6); sólo en unos pocos pasajes encontramos Kyrios usado para el Padre (1 Cor. 3,5; 7,17) o Theos para Cristo. De vez en cuando los Apóstoles le aplican a Cristo pasajes del Antiguo Testamento donde se usa Kyrios, por ejemplo, 1 Cor. 10,9 (Núm. 21,7), Heb. 1,10-12 (Sal. 102(101),26-28); y usan tales expresiones como “el temor del Señor” (Hch. 9,31; 2 Cor. 5,11; Ef. 5,21), “invocan el nombre del Señor” indistintamente para Dios Padre y para Cristo (Hch. 2,21; 9,14; Rom.10,13). La profesión de que “Jesús es el Señor” (Kyrion Iesoun, Rom. 10,9; Kyrios Iesous, 1 Cor. 12,3) es reconocimiento de Jesús como Yahveh. Los textos en los cuales San Pablo afirma que en Cristo habita la plenitud del Altísimo (Col. 2,9), que antes de la Encarnación poseía la naturaleza esencial de Dios (Flp.2,6), que El “… quien es Dios sobre todas las cosas. ¡Alabado sea por siempre!…” (Rom. 9,5) no nos dice nada que no esté implícito en muchos otros pasajes de sus Epístolas.

La doctrina en relación al Espíritu Santo es igualmente clara. Muchos pasajes demuestran que su personalidad distinta era claramente reconocida. Así Él revela sus mandamientos a los ministros de la Iglesia: “Mientras estaban celebrando el culto del Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: «Separadme ya a Bernabé y a Saulo…»” (Hch. 13,2). Él dirige los viajes misioneros de los Apóstoles: “… intentaron dirigirse a Bitinia, pero no se lo consintió el Espíritu de Jesús.” (Hch. 16,7; cf. Hch. 5,3; 15,28; Rom. 15,30). A Él se le adscriben los atributos divinos:

  • El posee omnisciencia y revelala Iglesia misterios que sólo Dios conoce (1 Cor. 2,10);

  • Es Él quien distribuye los carismas(1 Cor. 12,11);

  • Él es el dador de la vidasobrenatural (2 Cor. 3,8)

  • El habita en la Iglesia y en las almasde los hombres individuales, como en su templo ( 8,9-11; 1 Cor. 3,16; 6,19);

  • A Él se le atribuye la obra de justificacióny santificación (1  6,11; Rom. 15,16), así como en otros pasajes se le atribuyen a Cristo las mismas operaciones (1 Cor. 1,2; Gál. 2,17).

Para resumir: los variados elementos de la doctrina Trinitaria están todos expresamente enseñados en el Nuevo Testamento. La Divinidad de las Tres Personas se afirma o implica en incontables pasajes. Launidad de esencia no es meramente postulada por el monoteísmo estricto del hombre nutrido en la religiónde Israel, para los cuales, “las deidades subordinadas” habían sido impensables; pero está, como hemos visto, contenida en la comisión bautismal en Mt. 28,19, y, respecto al Padre y al Hijo, expresamente afirmada en Jn. 10,38. Que las Personas son co-eternas y co-iguales es un mero corolario de lo anterior. En relación a las procesiones divinas, la doctrina de la primera procesión está contenida en los mismos términos Padre e Hijo: la procesión del Espíritu Santo del Padre e Hijo es enseñada en el discurso del Señor reportado por San Juan (14-17) (vea Espíritu Santo).

Antiguo Testamento

Los primeros Padres estaban convencidos de que en el Antiguo Testamento debían existir indicaciones de la doctrina de la Trinidad y encontraron tales indicaciones en no pocos pasajes. Muchos de ellos no solamente creían que los profetas lo atestiguaron, sino que sostenían que debieron haber sido conocidos incluso para los patriarcas. Veían como cierto que el mensajero divino del Génesis 16,7.18, 21,17, 31,11; Éxodo 3,2, era Dios el Hijo; por razones que se mencionarán más adelante (III.B.) consideraban evidente que Dios Padre no podía haberse manifestado a sí mismo (cf. San Justino, “Dial.”, 60; San Ireneo, “Adv. haer.”, IV.20, 7-11; Tertuliano, “Adv. Prax.”, 15-16; Teófilo, “Ad Autol.”, II,22; Novat., “De Trin.”, 18, 25, etc.). Sostenían que, cuando los escritores inspirados hablaron del “Espíritu del Señor” la referencia era a la Tercera Persona de la Trinidad: y uno o dos (Ireneo, “Adv. haer.”, II.30.9; Teófilo, “Ad. Aut.”, II.15; San Hipólito, “Con. Noet.”, 10) interpretaron la sabiduría hipostática de los libros sapienciales, no, con San Pablo, del Hijo, (Heb. 1,3; cf. Sab. 7,25-26) sino del Espíritu Santo. Aunque en otros Padres se encuentra lo que parece ser la opinión más sólida, que bajo la Antigua Alianza no se dio una insinuación clara de la doctrina. (Cf. San Gregorio Nacianceno, “Or. Theol.”,V,26; San Epifanio, “Ancor” 73 “Haer.”, 74; Basilio, “Adv. Eunom.”, II, 22; Cirilo de Alej., “En Juan.”, XII, 20.)

Sin embargo, algunos de éstos admiten que a los profetas y santos de la Antigua Alianza se les dio un conocimiento del misterio (Epif., “Haer.”, VIII,5; Cirilo Alej., “Con. Julian.,” I). Se puede reconocer como cierto que el camino está preparado para la revelación en algunas profecías. Los nombres Emmanuel (Is.7,14) y Dios el Poderoso (Is. 9,6) afirmados del Mesías hacen mención de la naturaleza divina del libertador prometido. Sin embargo, parece que la revelación del Evangelio fue necesaria para otorgarle el sentido y claridad total a los pasajes. Incluso estos exaltados títulos no condujeron a los judíos a reconocer que el Salvador por venir no era otro que Dios mismo. Los traductores de los Setenta ni siquiera se aventuraron a traducir literalmente las palabras Dios el Poderoso, sino que dan en su lugar, “el ángel de gran consejo”.

Una etapa de preparación aún más alta se encuentra en la doctrina de los Libros Sapienciales respecto a la Sabiduría Divina. En Proverbios 8, la sabiduría aparece personificada, y de una manera que sugiere que el autor sagrado no estaba utilizando una mera metáfora, sino que tenía ante su mente a una persona real (cf. V. 22, 23). Una enseñanza similar aparece en Eclesiástico 24, en un discurso donde se declara que la Sabiduría se manifiesta en “la asamblea del Altísimo”, es decir, en la presencia de los ángeles. Esta frase, ciertamente supone que se concibe a la Sabiduría como una persona. La naturaleza de la personalidad se deja obscura; pero se nos dice que toda la tierra es el Reino de la Sabiduría, que ella encuentra su deleite en todas las obras de Dios, pero que Israel es en una manera especial su porción y su herencia (Eclo. 24,8-13).

En el libro de la Sabiduría de Salomón encontramos un adelanto aún mayor. Aquí se hace una clara distinción entre la Sabiduría y Yahveh: “Es un hálito del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente… Es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad.” (Sab. 7,25-26. Cf. Heb. 1,3). Más aún, ella es descrita como “el artífice de todo” (panton technitis, 7,21), una expresión que indica que la creación es, de algún modo, atribuible a ella. Sin embargo, en el judaísmo posterior esta doctrina exaltada sufrió un eclipse y parece haber pasado al olvido. Tampoco se puede decir que el pasaje, aunque manifiesta algún conocimiento de una segunda personalidad del Altísimo, constituye una revelación de la Trinidad. Por lo que en ningún lugar del Antiguo Testamentoencontramos ninguna indicación clara de una Tercera Persona. A menudo se menciona el Espíritu del Señor, pero no hay nada que muestre que el Espíritu era visto como distinto a Yahveh mismo. El término siempre es empleado para designar a Dios considerado en su obra, ya sea en el universo o en el alma del hombre. El tema parece haber sido correctamente resumido por San Epifanio donde dice: “El Dios Único es declarado sobre todo por Moisés y la doble personalidades (de Padre e Hijo) es afirmada enérgicamente por los profetas. La Trinidad es dada a conocer por el Evangelio” (“Haer.”, LXXIV).

Pruebas de la doctrina a partir de la Tradición

Los Padres de la Iglesia

En esta sección mostraremos que desde los primeros tiempos la Iglesia católica ha enseñado la doctrinade la Santísima Trinidad y que la misma ha sido profesada por sus miembros. Como nadie la ha negado en ningún período posterior a las controversias arrianas y macedonias, será suficiente si aquí consideramos sólo la fe de los primeros cuatro siglos. Un argumento de gran peso es provisto en las formas litúrgicas de la Iglesia. A éstas se les debe adjudicar necesariamente la mayor fuerza probatoria, ya que no expresan la opinión privada de un solo individuo, sino la creencia pública de todo el cuerpo de los fieles. Tampoco se puede objetar que las nociones de los cristianos sobre el tema fueron vagas y confusas, y que sus formas litúrgicas reflejan este estado de ánimo. En este punto, la vaguedad era imposible. Cualquier cristiano puede ser llamado a sellar con su sangre su creencia de que hay un solo Dios. La respuesta de San Máximo (c. 250 d.C.) al mandamiento del procónsul que debía sacrificar a los dioses “No ofrezco ningún sacrificio salvo al único Dios verdadero” es típico de las muchas respuestas en las Actas de los Mártires. Está fuera de discusión suponer que los hombres que fueron preparados para dar sus vidas en pro de esta verdad fundamental estuvieran de hecho en tal confusión en relación a ella que no supiesen si su credoera monoteísta, diteísta o triteísta. Por otra parte, sabemos que su instrucción respecto a las doctrinas de su religión era sólida. Los escritores de esa época son testigos que incluso los iletrados estaban completamente familiarizados con las verdades de la fe. (cf. San Justino, ” 1st. Apol”, 60; San Ireneo, “Adv.haer”. III.4.2).

(1) Fórmulas Bautismales:

Debemos mencionar primero la fórmula bautismal, que todos la reconocen como primitiva. Ya se ha mostrado que las palabras, tal como las prescribió Cristo (Mt. 28,19) expresan claramente la Divinidad de las Tres Personas así como su distinción, pero aquí se debe añadir otra consideración. El bautismo, con su renuncia formal a Satanás y sus obras, se entendía como el rechazo a la idolatría del paganismo y a lasolemne consagración del bautizado al único Dios verdadero (Tertuliano, “De spect.”, IV; Justino, ” 1 Apol.”, IV). El acto de consagración era la invocación sobre ellos del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es manifiestamente absurda la suposición de que ellos consideraban a la Segunda y Tercera Personas como seres creados, y que de hecho se estaban consagrando al servicio de las criaturas. San Hipólito ha expresado la fe de la Iglesia en los términos más claros: “Aquel que desciende con fe a esta jofaina de regeneración reniega del Malvado y se compromete con Cristo, renuncia al enemigo y confiesa que Cristo es Dios… regresa de la pila bautismal como un hijo de Dios y coheredero de Cristo. A quien con elsantísimo, el bueno y dador de vida Espíritu sea la gloria ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén“. (“Serm. En Teóf” n.10)

(2) Las doxologías:

El testimonio de las doxologías no es menos sorprendente. La forma ahora universal “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo” expresa tan claramente el dogma trinitario que los arrianos consideraron necesarionegar que estuvo en uso antes de la época de Flaviano de Antioquía (Filostorgio, “Hist. eccl.”, III, XIII).

Es verdad que hasta el período de la controversia arriana había sido más común la forma “Gloria al Padre, a través del Hijo, en el Espíritu Santo” (cf. 1 Clemente, 58, 59; Justino, “Apol I”, 67). Esta última forma es de hecho perfectamente consistente con la creencia trinitaria; sin embargo, no expresa la coigualdad de las Tres Personas, sino su operación en relación al hombre. Vivimos en el Espíritu, y a través de Él somos hechos partícipes en Cristo (Gál. 5,25; Rom. 8,9); y es a través de Cristo, como sus miembros, que somos dignos de ofrecer la alabanza a Dios (Heb. 13,15).

Sin embargo, hay muchos pasajes en los Padres anteriores a Nicea que muestran que también se usaba la forma “Gloria sea al Padre y al Hijo y a (con) el Espíritu Santo“.

  • En la narrativa del martiriode San Policarpo leemos: “Con quien a ti y al Espíritu Santo sea la gloria hoy y por los siglos venideros” (Mart. S. Polyc., n. 14; cf. n. 22).

  • Clemente de Alejandríainvita a los hombres “den gracias y alaben al único Padre e Hijo, al Hijo y Padre con el Espíritu Santo” (Pd., III xii, P.G., VIII, 6$O).

  • San Hipólitotermina su obra contra Noeto con las palabras: “A Él sea la gloria y el poder con el Padre y el Espíritu Santo en la Santa Iglesia ahora y por siempre por los siglos de los siglos. Amén” (Contra Noet., n. 18, P.G., X, 830).

  • San Dionisio de Alejandríausa casi las mismas palabras: “A Dios el Padre y a su Hijo Jesucristo, con el Espíritu Santo sea el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén” (en San Basilio, “De Spiritu Sancto”, XXIX, n. 72, P.G., XXXII, 202).

  • San Basilionos dice además que era una costumbre inmemorial entre los cristianos que cuando encendían lalámpara vespertina daban gracias a Dios con la oración: ainoumen iiatera kai tion kai agion iineuma theou(“Alabamos al Padre, al Hijo y al Santo Espíritu de Dios”).

(3) Otros escritos patrísticos:

La doctrina de la Trinidad es enseñada formalmente en toda clase de escritos eclesiásticos. Entre losapologistas, podemos mencionar a San Justino, “Apol. I”, VI; Atenágoras, “Legat: pro Christ.”, n. 12. El último nos dice que los cristianos “son conducidos a la vida futura por una única cosa, el conocimiento de Dios y su Logos, cuál es la unicidad del Hijo con el Padre, cuál es la comunión del Padre con el Hijo, cuál es el Espíritu, cuál es la unidad de estos tres, el Espíritu, el Hijo y el Padre, y su distinción en unidad”. Sería imposible ser más explícitos. Y podemos estar seguros que un apologista, que escribía para lospaganos, sopesaría muy bien las palabras con las que trataba sobre esta doctrina.

Entre los escritores polémicos, podemos referirnos a San Ireneo “Adv. aer.”, I, XXII, IV, XX, 1-6. En estos pasajes, rechaza la ficción gnóstica de que el mundo fue creado por eones que habían emanado de Dios, pero no eran consustanciales con Él, y enseña la consubstancialidad del Verbo y el Espíritu por quienes Dios creó todas las cosas. Clemente de Alejandría profesó la doctrina en “Paedag.” I.6, y poco después San Gregorio Taumaturgo, como ya hemos visto, la establece en los términos más expresos en su credo. (P.G., X, 986).

(4) En contraposición a las enseñanzas heréticas:

Sin embargo, evidencia adicional con respecto a la doctrina de la Iglesia es proporcionada por una comparación de su enseñanza con la de las sectas heréticas. La controversia con los sabelianos en el siglo III prueba concluyentemente que ella no podía tolerar ninguna desviación de la doctrina trinitaria. Noeto de Esmirna, el originador del error, fue condenado por un sínodo local cerca del año 200 d.C. Sabelio quien propagó la misma herejía en Roma en el año 220 d.C. fue excomulgado por San Calixto. Esnotorio que la secta no apelase a la tradición; encontraba el trinitarismo en posesión dondequiera que aparecía —en Esmirna, en Roma, en África, en Egipto. Por otro lado, San Hipólito, quien la combatió en su “Contra Noeto”, reclama la tradición apostólica para la doctrina de la Iglesia Católica: “Creamos, amados hermanos, de acuerdo con la tradición de los Apóstoles, que Dios el Verbo bajó del cielo a la santísimaVirgen María, para salvar al hombre“.

Un poco después (c. 260 d.C.) San Dionisio de Alejandría descubrió que el error se había esparcido en la Pentápolis de Libia, y dirigió una carta dogmática contra él a dos obispos, Eufranor y Ammonio. Con el fin de enfatizar la distinción entre las Personas, en su carta llamó al Hijo poiema tou Theou y usó otras expresiones capaces de sugerir que el Hijo debe considerarse entre las criaturas. Fue acusado de heterodoxia ante el Papa San Dionisio, quien celebró un concilio y le dirigió una carta que trataba de la verdadera doctrina católica en relación al punto en cuestión. El obispo de Iglesia de Alejandría contestó con una defensa de su ortodoxia titulada Elegxhos kai apologia donde corrigió lo que hubiera estado errado. Expresamente profesó su creencia en la consubstancialidad del Hijo, usando el mismo término, Homoousion, que luego se convirtió en la piedra de toque de la ortodoxia en Nicea (P.G., XXV, 505). La historia de la controversia es concluyente en lo que respecta al estándar doctrinal de la Iglesia. Nos muestra que ella fue firme en rechazar, por un lado, cualquier confusión de las Personas y, por otro lado, cualquier negación de su consubstancialidad.

La información que tenemos en relación a otra herejía —la de Montano— nos provee prueba adicional que la doctrina de la Trinidad fue la enseñanza de la Iglesia en el año 150 d.C. Tertuliano afirma en los términos más claros que lo que el sostenía en cuanto a la Trinidad cuando era católico, lo afirma todavía como montanista (“Adv. Prax”, II, 156); y en la misma obra explícitamente enseña la Divinidad de las Tres Personas, su distinción, la eternidad de Dios Hijo (op.cit., XXVII). De la misma manera, San Epifanio afirma la ortodoxia de los montanistas en este tema. (Haer. LXVIII). Ahora bien no se debe suponer que los montanistas hubiesen aceptado ninguna enseñanza novedosa de la Iglesia Católica desde su separación a mediados del siglo II. Por lo tanto, puesto que hubo total acuerdo entre los dos cuerpos en relación a la Trinidad, tenemos aquí nuevamente una prueba clara que el trinitarismo era un artículo de fe en el tiempocuando la tradición apostólica estaba demasiado reciente como para que hubiese surgido cualquier errorsobre un punto tan vital.

Controversia posterior

A pesar de la fuerza de los argumentos que hemos resumido, desde finales del siglo XVII hasta el presente ha persistido una vigorosa controversia en relación a la doctrina trinitaria de los Padres anteriores a Nicea. Los escritores socinianos del siglo XVII (por ejemplo, Sand, “Nucleus historiae ecclesiastic”, Amsterdam, 1668) afirmó que el lenguaje de los primeros Padres, en muchos pasajes de sus obras muestran que no estaban de acuerdo con San Atanasio, sino con ArrioPetavio, quien en ese período estaba ocupado con su gran obra teológica, fue convencido por sus argumentos, y admitió que, al menos algunos de estos Padres habían caído en graves errores. Por otro lado, su ortodoxia fue defendida vigorosamente por el teólogo anglicano Dr. George Bull (“Defensio Fidei Nicaen”, Oxford, 1685) y ulteriormente por BossuetThomassin y otros teólogos católicos. Los que asumieron una opinión menos favorable afirmaron que enseñan los siguientes puntos inconsistentes con la creencia post-Nicena de la Iglesia:

  • Que el Hijo, incluso en cuanto a su Naturaleza Divina, es inferior y no igual al Padre;

  • Que sólo el Hijo apareció en las teofanías del Antiguo Testamento, en tanto que el Padre es esencialmente invisible, sin embargo, el Hijo no lo es;

  • Que el Hijo es un ser creado;

  • Que la generación del Hijo no es eterna, sino que se realizó en el tiempo.

Examinaremos estos cuatro puntos en orden:

(1) Como prueba de la aseveración de que muchos de los Padres niegan la igualdad del Hijo con el Padre, se citan pasajes: San Justino (Apol., I, 13, 32), San Ireneo (Adv. haer., III.8.3), Clemente (“Strom.”, VII.2, P.G., IX, 410), San Hipólito (Con. Noet., n. 14), Orígenes (Con. Cels., VIII.15). De este modo. Ireneo dice: “Él ordenó, y ellos fueron creados… ¿A quién le ordenó? Su Palabra, por quien, dicen las Escrituras, los cielos fueron erigidos”. Y Orígenes (Con. Cels., VIII.15) dice: “Declaramos que el Hijo no es más poderoso que el Padre, sino inferior a Él. Y basamos esta creencia en lo que Jesús mismo dijo: “El Padre que me envió es más grande que Yo”.

Ahora, en relación a estos pasajes, hay que tener en mente que hay dos formas de considerar la Trinidad. Podemos ver las Tres Personas en la medida en que gozan igualmente de la Naturaleza Divina o podemos considerar al Hijo y al Espíritu como derivados del Padre, quien es la única fuente de Divinidad, y de quien ellos reciben todo lo que tienen y son. El primer modo de considerarlos ha sido el más común desde la herejía arriana. El último, sin embargo, era más frecuente previo a aquel período. Bajo este aspecto, el Padre, al ser la única fuente de todo, puede ser llamado más grande que el Hijo. Así, San Atanasio,Basilio, [[San Gregorio Nacianceno, San Gregorio de Nisa, y los Padres del Concilio de Sárdica, en su carta sinodal, todos trataron las palabras de nuestro Señor “El Padre es mayor que Yo” como que hacen referencia a su divinidad (cf. Petavio, “De Trin.”, II, I, 7, VI, 11). Desde este punto de vista, se puede decir que en la creación del mundo, el Padre ordenó y su Hijo obedeció. La expresión no es una que pudo haber sido empleada por los escritores latinos, quienes insistían en que la creación y todas las obras de Diosprocedían de Él mismo como uno y no de Personas distintas una de la otra. Pero esta verdad no era familiar para los primeros Padres.

(2) A San Justino (Dial. n. 60), San Ireneo (Adv. har., IV, XX, nn. 7, 11), Tertuliano (“C. Marc.”, II, 27; “Adv Prax.”, 15, 16), [[Novaciano y novacianismo | Novaciano (De Trin., 18,25) y a Teófilo (Ad Autol., II.22) se les acusa de enseñar que las teofanías eran incompatibles con la naturaleza esencial del Padre, aunque no incompatibles con la del Hijo. En este caso también la dificultad puede ser ampliamente eliminada si se recuerda que estos escritores veían todas las operaciones divinas como procedentes de las Tres Personascomo tales, y no la Divinidad vista como una. Ahora la revelación nos enseña que en la obra de la creación y redención del mundo, el Padre efectúa su propósito a través del Hijo. Por medio de él creó el mundo, a través de Él lo redimió, a través de Él lo juzgará. Por lo tanto, estos escritores creían que, teniendo en cuenta la disposición actual de la Providencia, las teofanías solo pudieron haber sido obra del Hijo. Más aún, en Col. 1,15, al Hijo se le llama expresamente “la imagen del Dios invisible.” (eikon tou Theou rou aoratou). Parece que tomaron esta expresión con estricta literalidad. La función de un eikon es manifestar lo que en sí mismo está escondido (cf. San Juan Damasceno, “De imagin”, III, n. 17). De ahí que ellos afirmaban que la obra de revelar al Padre pertenece por naturaleza a la Segunda Persona de la Trinidad, y concluye que las teofanías fueron su obra.

(3) Expresiones que parecen contener la declaración de que el Hijo fue creado se encuentran en Clemente de Alejandría (Strom., V.14 y VI.17), Taciano (Orat., V), Tertuliano (“Adv. Prax.” VI; “Adv. “Adv. Hermong.”, 18, 20), Orígenes (In Joan., I.22). Clemente habla de la Sabiduría como “creada antes de todas las cosas” (protoktistos), y Taciano llama al Verbo “la primera obra engendrada (ergon prototokon) del Padre.”

No obstante, el significado de estos autores está claro. En Col. 1,16, San Pablo dice que todas las cosas fueron creadas en el Hijo. Se entendió que esto significaba que la creación se realizó de acuerdo a ideasejemplares predeterminadas por Dios y que existían en el Verbo. En vista de esto se puede decir que el Padre “creó” al Verbo, usando el término en lugar del más exacto “generada”, considerando que las ideas ejemplares de la creación fueron comunicadas por el Padre al Hijo. O, nuevamente, la creación real del mundo podría denominarse la creación del Verbo, puesto que se realiza de acuerdo a las ideas que existen en el Verbo. El contexto muestra invariablemente que el pasaje debe ser entendido en uno u otro de estos sentidos.

La expresión es indudablemente muy dura y ciertamente nunca se hubiese empleado sino hubiese sido por el versículo de Proverbios 8,22, el cual es traducido en los Setenta y en las antiguas versiones latinas “El Señor me creó (ektise), primicia de su camino.” Como se entendió que el pasaje hacía referencia al Hijo, hizo surgir la pregunta de cómo se podía decir que la Sabiduría fue creada? (Orígenes, “Princ.”, I.2.3). Se debe recordar además que la terminología precisa respecto a las relaciones entre las Tres Personas fue el fruto de las controversias que surgieron en el siglo IV. Los escritores de un período anterior no se ocupaban del arrianismo, y usaron expresiones que, a la luz de los subsiguientes errores son vistas no sólo como simplemente imprecisas, sino como peligrosas.

(4) Mayor dificultad quizás presentan una serie de pasajes que parecen afirmar que antes de la creacióndel mundo el Verbo no era una hipóstasis distinta del Padre. Estas se encuentran en San Justino (C. Tryphon., LXI), Taciano (Con. Graecos, V), Atenágoras (Legat., X), Teófilo (Ad Autol., II, X, 22); San Hipólito (Con. Noet., X); Tertuliano (“Adv. Prax.”, 5-7; “Adv. Hermogenem”, 18). Así Teófilo escribe (op.cit., n.22)

“¿Qué más es esta voz (oída en el Paraíso) sino la Palabra de Dios que es también su Hijo?… Pues antes de que nada llegara a ser, lo tenía como consejero, el cual era su propia mente y pensamiento [es decir, como el logos endiathetos, c.X). Pero cuando Dios quiso hacer todo lo que había determinado, entonces Él Lo engendró como la Palabra pronunciada (logos prophorikos), el primogénito de toda la creación, sin embargo, no dejándolo a Él mismo sin Razón (logos), sino habiendo engendrado la Razón y por siempre en reciprocidad con la Razón”

FUENTE ACIPRENSA

 

 

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