Fueron discípulos de Cristo y miembros activos del Sanedrín que juzgó y condenó a muerte a Jesús. Sin embargo, ellos dos jamás apoyaron y aprobaron esta acción.

Todo lo que se sabe a ciencia cierta acerca de él se deriva de los Evangelios canónicos. Nació en Arimatea —de ahí su apellido— “una ciudad de Judea” (Lc. 23,51), que es muy probable idéntica a Ramá, el lugar de nacimiento del profeta Samuel, aunque varios estudiosos prefieren identificarla con la ciudad de Ramleh.

Él era un israelita rico (Mt. 27,57), “un hombre bueno y justo” (Lc. 23,50), “que también esperaba el Reino de Dios” (Mc. 15,43). San Lucas y San Marcos lo llaman también a bouleutes, literalmente “un senador”, con lo cual se denota un miembro del Sanedrín o consejo supremo de los judíos.

Era un discípulo de Jesús, probablemente desde la primera predicación de Cristo en Judea (Jn. 2,23), pero él no se declaraba como tal “por miedo a los judíos” (Jn. 19,38). Debido a esta lealtad secreta a Jesús, no consintió en que el Sanedrín le condenase (Lc. 23,51), y lo más probable es que estuvo ausente a la reunión que condenó a muerte a Jesús (Cf. Mc. 14,64).

La Crucifixión del Maestro avivó la fe y el amor de José, y le sugirió que debía tomar las medidas necesarias para el entierro de Cristo antes de que el sábado comenzara. Sin pensar, por tanto, en todo el peligro personal, un peligro que era realmente considerable dadas las circunstancias, que con valentía le pidió a Pilato el cuerpo de Jesús, y tuvo éxito en su petición (Mc. 15,43-45).

Una vez en posesión de este tesoro sagrado, —junto con Nicodemo, a quien su valor había envalentonado a lo mismo, y quien trajo especias abundantes— envolvió el Cuerpo de Cristo en lino fino y bandas mortuorias, lo puso en su propia tumba, nueva y sin uso, sin embargo, y excavada en una roca en un jardín vecino, y se retiró después de rodar una gran piedra a la apertura del sepulcro (Mt. 27,59-60; Mc. 15,46; Lc. 23,53; Jn. 19,38-42). Así se cumplió la profecía de Isaías de que la tumba del Mesías sería con un hombre rico (Is. 53,9).

La Iglesia griega celebra la fiesta de José de Arimatea el 31 de julio, y la Iglesia Latina el 17 de marzo. Los detalles adicionales que se encuentran respecto a él en el apócrifo “Acta Pilati” no son dignos de credibilidad. Del mismo modo es fabuloso es la leyenda que habla de su llegada a la Galia en el año 63 d.C., y de allí a Gran Bretaña, donde se supone que fundó el primer oratorio cristiano en Glastonbury.

Prominente judío del tiempo de Cristo, mencionado solamente en el Evangelio según San Juan. El nombre es de origen griego, pero en esa época tales nombres eran ocasionalmente tomados prestados por los judíos, y de acuerdo con Flavio Josefo (Ant. de los judíos, XIV, III, 2) Nicodemo era el nombre de uno de los embajadores enviados por Aristóbulo a Pompeyo.

Una forma hebrea del nombre (Naqdimon) es encontrada en el Talmud. Nicodemo era un fariseo, y en su capacidad de miembro del Sanedrín, (Jn. 7,50) era un líder de los judíos. Jesucristo, en la entrevista cuando Nicodemo vino a él por la noche, lo llama un maestro en Israel. A juzgar por Jn. 19,39, Nicodemo debe haber sido un hombre de medios, y es probable que ejerciera cierta influencia en el Sanedrín.

Algunos escritores conjeturan de su pregunta: “¿Cómo puede un hombre nacer cuando es viejo?”, que él era ya avanzado en años, pero las palabras son muy generales para garantizar tal conclusión. Aparece en esta entrevista como un creyente inteligente e instruido, pero tímido y no fácilmente iniciado en los misterios de la nueva fe. El después aparece (Jn. 7,50-51) en el Sanedrín ofreciendo una palabra en defensa del acusado galileo; y podemos inferir de este pasaje que abrazó la verdad tan pronto como la conoció completamente. Es mencionado finalmente en Jn 19,39, donde es mostrado cooperando con José de Arimatea en el embalsamamiento y sepultura de Jesús.

Su nombre aparece más tarde en algunos de los escritos apócrifos, por ejemplo, en la llamada “Acta Pilati”, documento heterogéneo que en el siglo XVI fue publicado bajo el título “Evangelium Nicodemi” (Evangelio de Nicodemo). Se desconoce la fecha de su muerte. El Martirologio Romano conmemora el hallazgo de sus reliquias, junto con las de San Esteban, Gamaliel y Abibo, el 3 de agosto.